El secreto de la inimitable calidad de nuestros jamones radica, por una parte, en la gran capacidad genética que el cerdo ibérico posee para transformar su alimentación basada principalmente en la bellota. La materia prima es el pernil de cerdo, que una vez oreado y sangrado, se entierra en sal, a este proceso se llama salazón, luego el jamón se lava con abundante agua y pasa a la curación. En el desarrollo del aroma del jamón interviene de forma muy notable la flora microbiana y en especial los mohos que se desarrollan en la superficie de los jamones durante su curación.
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